Los compromisos sobre política digital de Ursula von der Leyen ante el Parlamento Europeo

La política alemana Ursula von der Leyen, ministra de Defensa con Angela Merkel, fue elegida presidenta de la Comisión por el Parlamento Europeo la semana pasada. En su discurso ante el pleno, que distó mucho de ser un trámite, pues la candidata hubo de ganarse unos apoyos decisivos con los que de entrada no contaba para acceder al cargo, pero sobre todo en el documento previamente distribuido entre los eurodiputados, titulado “A Europe that strives for more: My agenda for Europe”, la candidata expuso las orientaciones políticas que han de guiar a la próxima Comisión Europea bajo su presidencia. No faltaron, como es lógico, objetivos y compromisos sobre la política digital, agrupados bajo la rúbrica “A Europe fit for the digital age”, que remiten, en última instancia, a la idea de que la Unión Europea debe de adaptarse plenamente a las exigencias y transformaciones de la era digital, para conseguir el bienestar y progreso, en todos los ámbitos, de sus ciudadanos, y la eficiencia y competitividad de sus empresas y administraciones.

 

Sobre las tecnologías digitales, la candidata, tras subrayar su potencial de vertiginosa transformación del mundo y de innovación para encontrar soluciones a desafíos sociales, enfatizó la importancia de la inteligencia artificial, sobre la que se comprometió a proponer, en los primeros 100 días de su mandato, legislación sobre sus implicaciones humanas y éticas y a asegurar que se priorizaran las inversiones en la materia. Otras menciones relevantes en este apartado tecnológico fueron las relativas a la estandarización y a los denominados “hyperscalers”. En cuanto a la primera, destacó la necesidad de replicar éxitos del pasado, como el del GSM, y la aspiración a desarrollarla en 5G, en la nueva generación de tecnologías (blockchain, computación de alto rendimiento, algoritmos..), o en el uso ético de los datos. Con respecto a los segundos, gigantes tecnológicos norteamericanos o chinos, von der Leyen vino a decir que probablemente ya sean, al menos para los europeos, irreplicables e imbatibles en la lucha competitiva, pero que ello no debe llevar a la Unión a renunciar a la “soberanía tecnológica” en algunas áreas críticas o al liderazgo de la nueva generación de “hyperscalers” (que, a lo que se ve, supone que surgirá próximamente)

 

La candidata también se comprometió a promover una nueva “Digital Services Act”, para mejorar la seguridad de uso de este tipo de servicios y aumentar el régimen de responsabilidad al que han de estar sujetos sus proveedores (esto es, las grandes plataformas digitales), a que la propia Comisión se una a la transformación digital del sector público y alcance su completa digitalización en el periodo 2019/2024 , y a incrementar la inversión y actualizar el plan de acción sobre educación digital de los ciudadanos europeos, que considera crucial para la competitividad y la innovación en Europa.

 

Finalmente, en cuanto a la controvertida y recurrente cuestión del impuesto sobre servicios digitales, von der Leyen señaló que la fiscalidad de las grandes compañías tecnológicas será, así mismo, una prioridad para su Comisión y que si para finales de 2020 las actuales discusiones que están teniendo lugar en el plano internacional no llegan a buen puerto y no hay, para entonces, una solución justa para el impuesto digital, la Unión Europea actuará individualmente.

 

Si los objetivos de política digital, y los compromisos que se puedan formular sobre los mismos, como ha hecho la candidata ante el Parlamento Europeo, formasen parte de una una bolsa de valores, habría entre ellos uno claramente al alza, otro básicamente estable y un tercero cotizando a la baja, desde el momento en que ni siquiera ha sido mencionado.

 

El primero, sin ninguna duda, sería la inteligencia artificial, sobre el que von der Leyen ha expresado una decidida voluntad de afrontar su regulación, por más que sea ésta una materia difícil, discutida y sensible, no se cuente entre las recomendaciones del grupo de expertos de alto nivel formado por la propia Comisión el año pasado y deba vencer la tradicional reticencia a la intervención normativa en sectores incipientes y punteros como probable freno a la innovación. La presidenta electa pide hacerlo desde lo que llama “una perspectiva europea”, esto es, sobre la base de primar los aspectos éticos y de confianza en la inteligencia artificial, ya se trate de sistemas de software (reconocimientos de voz, faciales, asistentes virtuales…) o de máquinas (robots, coches autónomos, drones…) y el ejemplo del Reglamento General de Protección de Datos, que considera un modelo a seguir para el mundo en materia de privacidad. Sabido es que la Unión Europea marcha por detrás, en la carrera de la inteligencia artificial, de Estados Unidos y China, de manera que cabe ver en el énfasis puesto en su dimensión ética y normativa un intento bienintencionado y razonable de constituir un factor diferenciador y competitivo en esa pugna (o, al menos, eso parece que espera von der Leyen).

 

En segundo lugar, como elemento de continuidad con el legado de la Comisión Juncker, la presidenta electa se propone mantener el foco ya puesto sobre la regulación de las plataformas tecnológicas, ya sea a través del Derecho de la competencia, la privacidad, los contenidos y la responsabilidad por su edición y difusión, la propiedad intelectual o, significativamente, mediante la fiscalidad, como expresa tanto el anuncio de una nueva norma sobre servicios digitales, como el compromiso de llenar, a fecha fija, el potencial vacío impositivo que pudiera existir sobre tales servicios.

 

Sin embargo, y por último, llama la atención que von der Leyen no se haya referido en su documento de prioridades,  más allá de la necesaria estandarización de las redes 5G, a la conectividad, a las redes de comunicaciones electrónicas, que son la infraestructura esencial de la sociedad digital, y el presupuesto de todos los avances, realizaciones y transformaciones que se puedan conseguir, a partir de los usos y aplicaciones de las tecnologías digitales. Si bien es cierto que, como demuestra el International Digital Economy & Society Index (2018), la media de los países de la Unión Europea está por encima, en despliegue y calidad de infraestructura de banda ancha, de la del resto de países no europeos considerados en el estudio, también lo es que hay seis de entre ellos que superan con holgura esa media (Estados Unidos, Japón o Corea del Sur, por ejemplo), que países que son potencias económicas en la Unión Europea tienen retrasos bastante significativos en despliegues de fibra óptica hasta el hogar, o que Europa no está liderando el despliegue y la adopción de la tecnología 5G en el mundo. La conectividad, pues, es un objetivo que no está definitivamente conseguido y afianzado entre nosotros y que, en consecuencia, convendría no relegar en el orden de las prioridades europeas en política digital.